miércoles, 30 de noviembre de 2016

Curiosidades y anécdotas de nuestro viaje a Ámsterdam

El viaje que hicimos a Ámsterdam dio de sí para contar algunas anécdotas que nos ocurrieron estando allí y curiosidades de la ciudad. 
Cuando aterrizamos el primer día, cogimos una especie de cercanías que nos llevara al centro y después tendríamos que andar unos 15 minutos hasta el hotel. En ese primer contacto con la ciudad lo primero que me llamó la atención fue el frio húmedo que hacía. Ya lo comenté en el otro post, pero lo reitero. Sabía que iba hacer frio, pero ¡no me imaginaba tanto! El día que regresamos a Madrid, aunque aquí hacia muy buena temperatura todavía estaba con el frio polar de Ámsterdam metido en el cuerpo… que horror. 

En el paseíto del tren al hotel, el primer contacto con la ciudad fue curioso observar la arquitectura. Todos los edificios no pasan de los 4 pisos y están torcidos hacia delante. Te da la sensación de que en cualquier momento se van a caer. Que mareo, que impresión. Pues están así por que como las casas son muy estrechas, no pueden subir los muebles por dentro del edificio. Con lo cual, lo hacen por fuera. Todos (o casi todos los pisos) tienen un gancho en lo alto del piso para colocar una cuerda y a través de una polea, tirar de la cuerda para subir el mueble que quieran meter en casa. Todo muy rudimentario. Justo cuando entrabamos al hotel, vimos como lo hacían y alucinamos. Qué sistema más arcaico para una ciudad tan moderna. Curioso cuanto menos oye. 

Otra cosa que nos pareció curiosa a la par que escalofriante fue ver algún carrito (con bebé dentro) estacionado frente a una cafetería mientras los padres, detrás del cristal se tomaban un chocolate calentito. Al pasar al lado del carrito, nos indígnamos muchísimo. ¿Cómo era posible que a los padres se les ocurriera tal barbaridad? Dejar a un bebé solo en el carro, en la calle, ¡A dos grados! estuvimos largo rato dándole vueltas a que podía deberse tal espantosidad… y como no encontramos explicación, dejamos de pensarlo. A los días de volver, mi marido encontró un articulo relacionado con dichas prácticas. Para quedarse congelado y nunca mejor dicho. 

En fin, casi todo el mundo se hace una idea aproximada de como es Ámsterdam. Aunque no hayas estado, te imaginas los canales, las bicis… todo muy romántico. Las bicis allí, sustituyen a los coches. Dentro del casco antiguo por así decirlo, los coches están aparcados y de vez en cuando si ves pasar alguno. Pero por lo general las bicis son el medio de trasporte habitual. A nosotros lo que más nos llamó la atención es lo rapidísimo que van y lo bordes que se ponen dándole al timbre, para que te apartes del carril bici lo antes posible. Hasta ahí, entendible. Pero ¿y si ocurre que las aceras son mínimas, algunas llevan bolardos y tu llevas un carrito con un bebé dentro? Pues te tocan el timbre igual. Y algunos (aunque parezcan muy respetuosos) te resoplan cuando te pasan de largo… Nos sorprendió bastante la poca comprensión que hay en las calles, con las familias que llevan a su hijo en el carro… y eso que se presume bastante de que en los países nórdicos son hipermegapro de los bebés y niños… 

Photo credit: miserychick via Foter.com / CC BY-NC  Powered by DNSUnlocker ✖
Stroopwafle
Algo parecido nos pasaba a la hora de comer. La única comida que hacíamos fuera del hotel era la del medio día. Cada vez que queríamos entrar en algún restaurante molón se nos presentaba la inconveniencia de que no cabíamos. Y por mucho que nos fiásemos de los holandeses no íbamos a dejar el carro fuera y con lluvia. Los restaurantes en el casco antiguo por lo general son muy pequeños. Así que nos veíamos bastante limitados a la hora de comer. Siempre mirábamos si había espacio suficiente para que entrase la niña, el carro y nosotros dos. Que, aunque llevábamos lo justo siempre terminábamos con más bultos de la cuenta… Además, aunque en casi todos los restaurantes había tronas, la teníamos que llevar por si acaso caíamos en alguno que no la tuviese (Como se dio el ultimo día en el último restaurante horribilis) Así que, si vas con bebé a Ámsterdam, cuenta con que los espacios son pequeños. Viendo el panorama y la incomodidad que suponía salir a comer y cenar fuera, nos apañamos con un supermercado que es de lo más completo y variado para desayunar y cenar en el Hotel. Se llama Albert Heijn. Los hay por toda la ciudad. Nosotros solíamos ir al que estaba enfrente del centro comercial Magna Plaza. Ese era el más grande, pero los demás también estaban muy bien. En ese súper comprábamos ensaladas (que las hay de mil variedades) bocadillos, sándwiches o fruta fresca cortada. Aunque era algo caro, cenamos súper bien todas las noches. Y el desayuno, nos apañábamos con galletas, los Stroopwafle (que están riquísimos y tienes que probarlos) y el café del hotel. En ese súper también hay café, que te puedes hacer tu mismo. Recomendable totalmente. 

A la hora de ver cosas, no nos perdimos La casa de Anna Frank. Mi marido se puso a la peque en la mochila y a pesar de lo estrecho y de la gente que había… vimos la casa de atrás, más o menos bien. Como pega pondría que deberían hacer grupos reducidos, porque te tiras en fila mucho rato en espacios pequeños, pero me sorprendió bastante en ambiente de agobio que te transmite la casa. Es una visita imperdible. Yo sentí que cerraba un circulo. Años atrás, visitamos Polonia y los campos de concentración de Auschwitz y fue una experiencia espeluznante… pero mereció la pena. También es interesante, ver la ciudad en un barco que te pasea por los canales más importantes, nosotros lo aprovechamos para resguardarnos de la lluvia. El palacio real que está en la plaza Dam, también es chulo de ver. Las dos visitas tienen audio guía. Un día nos fuimos a ver Zaanse Schans, es el típico pueblo turístico, en el que hay molinos. Está muy bien para dar un paseo y comprar algún suvenir. 

Paseamos mucho y comimos bien en todos los sitios. Si te gusta la comida japonesa, te puedes hinchar a Sushi, Makis y demás… en donde pagas una cantidad y puedes comer hasta que te salga por las orejas. Se llama SUMO. Es un sitio gigante pero no es un buffet. Te van trayendo todo lo que pidas. Máximo son 6 rondas para pedir. Acabamos que no podíamos ni movernos (somos unos brutos). Pero todo estaba buenísimo. Hasta ahí alguna de mis recomendaciones de la ciudad. 

No quería irme sin contar el ultimo día, que pasamos en Ámsterdam. Fue de todo menos aburrido. Nos levantamos, hicimos la maleta, nos duchamos, desayunamos… y nos fuimos a dar el último paseo criogenizador por la ciudad. Era básicamente echar tiempo para que llegase la hora de la comida e ir tirando hacia el aeropuerto. Nuestro avión salía a las 17:00 y teníamos tiempo. 
El día comenzó a complicarse a la hora de la comida. Nos apetecía probar un chino especializado en sopas que habíamos visto días anteriores por el centro… allí que fuimos. Pero al entrar por la puerta el recibimiento no fue el que esperábamos. En el Ikki, había una señora muy poco amable que puso cara de pocos amigos cuando vio que nuestra intención era comer allí, con nuestra peque (el carro, maletas…) El sitio era pequeño, pero no había nadie. Decidimos seguir allí, porque entendíamos que no molestábamos a nadie… Total que la señora antipática nos decía en chino-holandés que nos sentáramos en la ventana en una mesa-barra y ahí no cabíamos ni para atrás. Le intente explicar que con la niña no entrabamos en ese mini espacio. Le pregunte si podíamos sentarnos en otro sitio. La entendí que sí, pero seguía mirándonos raro e insistiendo en ubicarnos en el sitio anterior… mi marido le pregunto si podía calentarnos el potito y nos dijo que no. Entre que no entendíamos lo que nos decía y el mal rollo que me estaba entrando… me levanté y le dije a mi marido que nos íbamos. Me pille un cabreo… así que terminamos en un italiano donde nos atendieron fenomenal (menos mal) y comimos. 
El tiempo se nos empezaba a echar encima y eso que habíamos salido con tiempo de sobra. Fuimos a la estación. Y allí nos encontramos con que el tren que habíamos cogido para llegar a Ámsterdam no nos llevaba directos al aeropuerto por cortes en la vía. ¡Genial! Como enlace debíamos ir en autobús… Imagínate el estrés. Bebé (sin echarse siesta) maletas, carro y bultos varios… Metidos en un autobús y cagandonos en todo. Pero la cosa no iba a mejorar. 

No íbamos a facturar nada, y pensábamos que eso nos ahorraría tiempo… pues no. Estuvimos casi media hora en la cola para el registro de maletas y demás y luego otro rato más largo en las cintas donde miraron hasta ¡el pañal de la niña! Hemos viajado mucho muchísimo. Nunca habíamos vivido un registro así. Ni en el Londres-Heathrow que ya son tela… Nos los sacaron todo y claro otro rato para meter las cosas en cada bolsa… llegamos al avión por los pelos. Con lo previsores que somos, que en todos los viajes tenemos que esperar mil horas hasta embarcar… pues yo veía que no llegábamos. ¡Qué ESTRÉS! Por fin estábamos sentados y la niña lista para dormirse. 
Pues a la hora de estar en el aire, el piloto comenzó a hablar, en inglés. Me quite los cascos y mire las caras de la gente. Bueno pues no me gustaron un pelo. Yo solo entendía “Save” y “return” Mire a mi marido y nos acojonamos bastante. ¿Qué leches estaba pasando aquel día? Detrás nuestro iban unos chicos sudamericanos a los que pregunte si habían entendido algo y me contaron: “Dicen que en el despegue un pájaro se ha metido en el motor y vamos a volver a Ámsterdam, que por nuestra seguridad nos van a retornar allí, que hay otro avión esperándonos y que después volveremos a Madrid” O_o Venga ya…

Total, que una hora y media en el aire, con un motor del avión supuestamente averiado y volviendo ooootra vez a Ámsterdam. Que alguien me lo explique. La verdad es que el rato que supimos lo del problema en el motor, teníamos todos, unas ganas locas de bajar de ahí. Nos daba igual lo demás. No he pasado mucho miedo en los vuelos que he hecho, no me da miedo volar. Pero aquel día, (llámame loca) me senté en mi asiento pensando que iba a pasar algo… quizá estaba ya trastornada de todo el día. Había gente que decía que sí que habían notado algo raro al despegar, mi marido también lo noto, pero como yo iba pendiente de la niña… no note nada de nada. Menos mal que la peque se echó una siesta hasta que bajamos. Luego merendó y volvimos de nuevo al otro avión. La peque ya estaba hasta las narices de tanto meneo y la última vuelta, fue bastante regular. Lloro bastante, se quejaba… pero lo solventamos como buenamente pudimos y por fin llegamos a Madrid a las 22:00 horas. No fue largo para lo que nos esperábamos. 

Una anécdota más que contar sobre nuestros periplos por el mundo. Fue un buen primer viaje y seguro que los que vienen detrás serán muchísimo mejores. 

Y tu ¿Has estado en Ámsterdam? ¿Qué te pareció? ¿Irías con tu bebé? ¿Has tenido alguna vez algún vuelo accidentado?

4 comentarios:

  1. jajajaja lo de los bebés durmiendo fuera es un schock! Yo vivo en Suiza y nunca he visto los carritos a fuera del bar..... Pero en casa si que ponen a dormir la Siesta a los bebés en el jardín o en su defecto balcón! La primera vez me quedé a punto de llamar a los servicios sociales jajajajajajajaja

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    1. Ya te digo!Primero miramos la escena con sorpresa y después... alucinamos! Los papás estaban tan ricamente dentro de la cafeteria mientras su bebé fuera!jolin es que es muy fuerte. Aqui que en cuanto hace una rafaga de frio abrigamos a los niños como locos y alli dirmiendo fuera. Cada país tendrá su costumbre. 😂

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  2. Pues mira, en Amsterdam no he estado pero restaurantes SUMO hay unos cuantos en los Madriles ;).

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  3. En serio??? Jajajaja!😂 No teniamos ni idea! 😲 investigaré a ver donde se esconden para volver a ponernos como cerditos.

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