martes, 22 de noviembre de 2016

7 consejos para viajar con tu bebé a Ámsterdam

Después de un tiempo sin pasarme por el blog (ni para escribir, ni para leerte… Si, mátame.) vuelvo a la carga para contarte como nos fue en el primer viaje al extranjero, que hemos hecho con nuestra peque, hace unas dos semanas.
No soy de dar consejos, si no me los piden. Pero me gusta contar la experiencia y por si alguien que me esté leyendo se anima a hacer la inconsciencia de viajar con un bebé, bártulos, abrigos y todo lo que ello implica. En esta entrada voy a dejar unas recomendaciones a tener en cuenta para que, si te atreves, no te aturulles con cosas a las que se le da mucha importancia antes del viaje y luego no la tienen en absoluto.

¿Dónde ir? Dudábamos entre Londres o Ámsterdam. Para nuestra primera incursión en esto de viajar siendo padres (y llevándote al bebé) una de las prioridades era que el vuelo fuera corto. Cualquiera de esos dos destinos nos valía. La duración aproximada de vuelo de los dos destinos, son 2 horas y media. Finalmente nos decidimos por Ámsterdam, por consejo de un amigo que nos comentó que era una ciudad más cómoda para ir con niños (él tiene dos) Nos dijo que Londres era más complicado para moverse, teniendo distancias más largas y la obligación de coger metro, en el que las escaleras mecánicas brillan por su ausencia. Si, mejor Ámsterdam para empezar. Una ciudad pequeña, kids-Friendly (¬¬) y que se pudiera recorrer andando.

El avión con un bebé: Bueno, esto era lo que más me preocupaba al principio. Me imaginaba la escena aterradora de mi hija pegando gritos y me entraban ganas de no ir. Me daba terror que le dolieran los oídos y no saber qué hacer. Me daba pánico que no quisiera el bibe que tanto nos habían recomendado para destaponarle los oídos mientras despegábamos… (mi peque nunca ha usado chupete) pero contra todo pronóstico, el vuelo de ida fue un éxito total y absoluto. A pesar de estar en un asiento de tres, mas apretados que la goma de un calcetín, pasamos un vuelo relativamente agradable. Todo el mundo se quedaba prendado de la peque y de sus monerías. Se bebió su biberón en un minuto y luego se durmió con su nita, encima de su padre. Ver para creer.
Eso si, el vuelo de vuelta fue para olvidar. Esto ya lo contare en otra entrada.

Consejo número 1: Si eres primerizo en esto de volar con tu bebé y no quieres que te entre un sofocón en pleno vuelo, elije una ciudad cercana.

Consejo número 2: No te olvides del juguete u objeto al que tenga más apego. Puedes olvidarte de los bodis, de los guantes o de los pañales… ¡Pero de su juguete no! Aparte de los propios padres, este mantendrá tranquilo y le dará seguridad al pequeño, en el vuelo.

Consejo número 3: Parece obvio, (y ciertamente difícil en mi caso) pero mantén la calma. No pasa nada por que llore, o porque la gente te mire como si te fuera a prender fuego. Es un bebé, no está acostumbrado a volar. Tómatelo como un juego y sonríe. La gente suele cambiar su actitud frente a una sonrisa.

¿Qué llevar? Esto depende de los días que vayas a estar fuera. Nosotros decidimos hacer este viaje como reto o prueba, para ver que tal nos apañábamos con la niña. Y decidimos que, para empezar, 5 días serían suficientes. Queríamos una ciudad que fuera cómoda y en la que no nos mirasen mal por viajar con un crio… El “qué llevar” también es importante comentar, que depende con la compañía que vueles. En nuestro caso escogimos la KLM que es como la Iberia de España. Esto lo digo, porque cada compañía tiene unas normas de facturación y cada una te dejara llevar más o menos cantidad de cacharros. En nuestro caso cada uno podíamos llevar una maleta de cabina y una bolsa de mano y teniendo en cuenta esas condiciones, decidimos que llevaríamos 2 trolleys uno para la peque y otro para nosotros. El carro (debe ser plegado en una sola pieza y te la meten ellos en bodega, justo antes de entrar al avión) la mochila de porteo, la bolsa de mano de la niña (en la que iba una muda por posible vomitona, su comida para todo el viaje -que ahora explicaré- babero plástico y su mochila pequeñita con unos cuantos juguetes) y por último su pequeña trona de viaje con la comida de ese día. Parece mucho porque además hay que cargar con los abrigos, pero en realidad no es tanto. ¡Imagínate si vas en verano! jajaja…

¿Y la comida de la niña? Bien, en este punto, estuvimos dudando casi hasta el día de salida. Habíamos leído en varios blogs o diarios de viaje que podíamos llevar toda la comida que necesitase el bebé y que la podíamos llevar en cabina sin problema alguno. Pero no nos fiábamos… como las normas cambian de la noche a la mañana, nos daba cosa que nos tiraran todos los potitos. Pero al final nos arriesgamos. Llevamos en total 12 potitos entre comida y merienda. Más la leche, los cereales y el agua del biberón del despegue. No nos tiraron nada. De hecho, hay un tipo (que fue muy majo, por cierto) que se encarga de meter tarrito por tarrito en una máquina para ver si hay algo raro en la comida. Fue un jari sacar TODO (que estaba milimétricamente colocado) de la bolsa de manos de la peque, pero nadie nos miró mal, ni nos regañaron… ni nada. ¿Que por qué no lo compramos allí? Porque mi hija es un pelín especial a la hora de la comer y no queríamos arriesgarnos con los potitos de allí. Pudiéndose llevar ¿Por qué no hacerlo?

Consejo número 4: Si quieres viajar tienes que apartar las ideas que te limiten y que no te permitan disfrutar del viaje. Yo me sentía mal por darle potitos a la niña. Y más los de fruta que llevan una cantidad ingente de azucares… Pero, no me puedo llevar la batidora y ponerme allí a pelar fruta… se trata de ser prácticos y de pensar que en casa no come así. Que por 5 míseros días no va a ocurrir nada. (Eso me lo digo a mi misma) Lo que quiero decir, es… que te permitas disfrutar del viaje lo más posible, teniendo en cuenta que ahora eres madre y debes velar por la comodidad de tu hijo, pero también por la tuya. Nosotras también queremos pasarlo bien.

Consejo número 5: Aunque parezca que un bebé pueda necesitar muchos cachivaches lo cierto es que sobreviven a la hazaña de viajar con sus papas, bastante mejor de lo que nos pensamos. Son personitas bastante adaptables al entorno que los rodea, siempre que cubramos sus necesidades básicas. Comer, estar limpito-calentito y dormir. Piensa en base a esas cuatro cosas y veras que no necesitas tanto trasto. Te lo dice una persona que el lema de sus viajes hasta que tuvo un bebé era el de “por si acaso”.

El tiempo: Hay que tener presente el tiempo que hará los días que vayas a estar en el destino elegido. También parece obvio, pero… Mi marido estuvo 2 semanas dándome la turra diciéndome “que frio va hacer en Ámsterdam” y yo “que si pesao´…”
Contaba con mi súper abrigo del decathlon bifásico-impermeable-tipo esquimal de la Antártida. Pero no me acorde de mis pies… en un principio metí mis botas de cordones “old shcool” y llevar puestas mis zapatillas de deporte… después en un acto de desfribolidad pensé: “con un calzado es suficiente, que pareces Kim kardashian con tanto zapato” y las saqué para no reventar el troley. Bien, pues la cague mucho. Tenía que habérmelas llevado. En mi vida he pasado tanto frio, en los pies. Y eso que en mis tiempos mozos hacía botellón (niños no hagáis esto) a -3 grados en un parque… Al cabo de estar una hora paseando por la calle me era imposible seguir caminando con normalidad. Algo me olí, cuando de camino al hotel, vi que mucha gente llevaba botas de montaña. (Alucina ¬¬) Pero ni se me pasaba por la cabeza el frio que iba a sufrir después… Hubo un par de días que nos llovió y me calé entera. Así que…

Consejo número 6: Si vas en invierno a Ámsterdam, prepárate para el frio que hace allí. Las vacaciones se te pueden hacer muy desagradables por algo tan simple como no ir bien abrigado. Sobre todo, si eres muy frioler@. Quizá no es el mejor mes para visitar una ciudad como esta, pero… es el que escogimos nosotros. ¡Ah! y acuérdate de todas las partes de tu cuerpo. Todas son importantes.


Si te preguntas si la niña paso frio, en absoluto. Antes de viajar hicimos los deberes y le cogimos este saco tan calentito de Jane. 
También llevaba su abrigo, su gorro y el cuello que le hice antes de irnos. Siempre que le tocabas las manos o la cara, estaba calentísima.

El hotel: Nosotros nos alojamos en el NH City Centre Amsterdam cerca de la plaza Spui. Siempre comparamos (de esto se encarga mi marido) con varias webs y solemos escoger Booking. En general los hoteles (y la vida allí) son muy caros y la valoración de los hoteles suele ser bajita. Pero tuvimos una suerte increíble de estar en el momento justo y aprovecharnos de un oferton. Mi marido se pensaba que era una broma y que nos quitarían la oferta… hasta que no lo confirmamos en el hotel, no se quedó tranquilo. El hotel estaba genial. Bien equipado, calefacción y el personal amable. No tiene microondas, pero te apañas muy bien con la cafetera que tienes, para calentar el agua del bibe o la papilla. 
Los días que estuvimos allí, comíamos en algún restaurante en el que nos calentaban el potito. El potito de la merienda se lo comía en el hotel después de echarse la siesta.

El ritmo de viaje, con un bebé: Esto dependerá de todas las cosas que tengáis previstas para hacer y ver. Nosotros venimos de viajes frenéticos en los que en realidad cuando volvemos a casa estamos más cansados que cuando nos vamos. Nos gustaba viajar así y aprovechábamos los días al máximo. Pero cuando viajas con un bebé (o un niño) tu ritmo se tiene que adecuar al del pequeño. ¡Ojo! esto es una opinión mía: Si programas una actividad como desplazarte a un pueblo alejado de la ciudad para ver una fábrica de cerveza (por ejemplo) tienes que ver si vas a estar el tiempo suficiente para quedarte a comer allí y que tu hijo tenga todas las necesidades cubiertas. Si habrá restaurantes, y si no los hay, volver a tiempo a la ciudad para que la hora de la comida no se te pase mucho ¿Qué por qué digo esto? Porque mi hija es muy sensible a sus cambios de rutina. Generalmente ella come de las 2 a las 2 y media de la tarde. Como te pases y la des de comer a las 3… todo lo que viene detrás se le trastoca. Un día nos pasó que comió a su hora, pero, se le pasó la hora de la siesta… el resto del día fue un Gremlin, en vez de la niña adorable que suele ser y a la que nos tiene acostumbrados.
Nuestra manera de ver la ciudad fue respetando los horarios y rutinas de la peque. Salíamos a las 10:00 de la habitación ya desayunados, (Gracias a los Albert Heijn = Mini Carrefour) veíamos lo que quisiéramos hasta la hora de comer entre la 13:00 y las 14:00 comía la niña y nosotros, luego íbamos al hotel, la peque se dormía, a las 17:00-18:00 se comía su merienda, salíamos a dar un paseo para no estar tooooda la tarde en el hotel, lo más abrigados que podíamos (menos mis pies) y a las 19:00 o 19:30 vuelta al hotel y cenábamos en el mismo. 

Consejo número 7: Ten en cuenta los horarios o rutinas de tu bebé, aunque estés de vacaciones. En esto hay que ser lógicos y flexibles. No hay que ceñirse a una cosa de minuto exacto, pero intenta mantener sus rutinas o el niño lo pasara mal y vosotros mucho más. Aunque estés de viaje pasándotelo chupi piruleta, piensa en él/ella primero. Tu descanso nocturno te lo agradecerá.

Estos son mis 7 consejillos (que alguno mas se habrá quedado en el tintero… debido a mi mala memoria) para pasar unos días de vacaciones en Ámsterdam, con tu bebé. Se me quedan por contar algunas anécdotas y curiosidades vividas en esos días de vacaciones, que como siempre digo, si el tiempo y mi peque me lo permiten algún día verán la luz…
Hasta entonces, perdona mi desaparición discontinua en el blog, pero no me da la vida para más.

¿Ya has viajado con tu bebé en avión? ¿Cómo te fue? ¿Algún consejo para el próximo viaje que nos atrevamos a hacer? ¿Eres de las que llevan DE TODO cuando viajas?




2 comentarios:

  1. Aún no hemos viajado, no. _El Mozo quiere ir a tenerife en enero pero me parece que aun no estoy preparada (yo).

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    1. Seguro que va bien si os animais. Parece una odisea, pero no lo es tanto.

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