jueves, 20 de octubre de 2016

Borrón y cuenta nueva

Antes de  aprovechar esta nueva oportunidad que se me ha puesto delante (voy a empezar a estudiar a distancia) y empezar esta nueva etapa lo mejor posible, me gustaría hacer una especie de balance de mi reciente maternidad.

Hace unos días que estoy releyendo un poco el final de mi embarazo y los primeros meses con mi hija. Cuando alguien me pregunta cómo fue mi embarazo o mi parto, el conocer a mi niña, adaptarme a ella… siempre me acuerdo de lo mal que lo he pasado. Debería tener un recuerdo feliz, pero no es así. Tengo un recuerdo agridulce y doloroso sobre cómo fueron aquellos meses y creo que, aunque he superado la perdida de mi parto natural y mi lactancia fallida, no puedo evitar sentir cierto resquemor por aquellos días vividos.

El dolor, aunque ha amainado sigue latente, dispuesto a salir en cualquier momento, sobre todo cuando tengo un día malo. Debo reconocer que me duele recordar, pero lo he superado.
Lleva varios días viniéndome a la mente, una frase que no me puedo quitar de la cabeza… y con el que un día pensaba titular una entrada. Yo tuve un post parto de infarto. Ahora lo sé. Ahora sé identificar y reconciliarme un poco con esos sentimientos que se instalaron en mí.
Tuve depresión post parto y no supe que era. Aunque me lo habían explicado en las clases preparto, aunque lo hubiera leído… no sabía lo que me pasaba. Me encontraba perdida y hundida. Sentimientos contradictorios se apoderaban de mi ser y no sabía explicar que puñetas me pasaba, al menos para encontrarme un poco mejor.

Recuerdo, que los días, las semanas siguientes al parto, no paraba de coger aire. Era como si me faltara. Como si al inspirar no entrara el suficiente oxigeno como para seguir moviéndome.
Recuerdo contarle a mi marido, que me sentía vacía. Con un vacío en el estómago que no sabía a qué se debía y ahora sé que caí en una depresión.
Me he sentido alguna vez así. Cuando viví una cosa muy dura con mi madre, pero para nada comparado con el sentimiento de soledad y culpa que se instaló en mi durante los primeros meses de vida, de mi pequeña.

Tenía ira. Y me molestaban cosas tontas de personas a las que quiero. Aunque aún me molestan algunos comentarios, ya no me hacen daño. En aquel tiempo los sentía como puñales. No entendía como alguien que mostraba quererme, me podía hacer tanto daño con un simple comentario inocente. 

Ahora sé, que era esa depresión o ese malestar interno lo que me hacía sentirme así. Esos sentimientos tan horribles se metieron en mi mente como si de un espíritu maligno se tratase.
Y entre que soy una persona un poco complicada, tantas espectativas rotas , encontrarme tan mal fisicamente...  aquello me superó. Jamás me he sentido tan mal e incomprendida como en esos meses. 

Lo cual, para echarle más miga al asunto, me hacía sentir como una mierda. La sociedad te impone estar bien si has tenido un bebeé precioso y sano. No te permite estar mal. No te entienden ni te ponen un hombro en el que llorar. Muchas veces me he sentido sola en mi vida, pero nada ha sido comparable a la soledad de ser mamá y sentirse así de hundida. Se me pone un nudo en el estómago cada vez que hablo de esto y aunque no suelo derramar muchas lágrimas… escribiendo esto, no puedo evitar que alguna se me escape.

Peeero, todo tiene un fin, nada es eterno, nada dura para siempre y menos mal (en estos casos) Igual que “superé” (siempre queda algo) el incidente con mi madre, superé la depresión que me embargaba al haberme convertido en mamá.
Recuerdo que cuando paso aquello de lo que no quiero hablar (espero que me lo perdones) e hicimos mi marido y yo un viaje a Tailandia, en parte para recuperarme (aunque yo no lo sabía) en parte porque queríamos conocer aquel país tan maravilloso y mágico, me metí en una piscina de noche, con mi marido y algunos viajeros que nos acompañaron durante aquella ruta, como si fuera un acto loco. Un acto de liberación. Le dije a mi marido mientras me ponía el biquini en la cabaña donde dormiríamos aquella noche, que estaba curada. Que la vida eran dos días y había que ser feliz. Aquella noche nadando bajo las estrellas de ese maravilloso paraíso que nos rodeaba, oyendo a las ranas croar y teniendo de fondo el famoso rio Kwai, me sentí como nunca. Plena y feliz.

Pues salvando las distancias… (muchas distancias, hay que decir) Ir a Cádiz con mi marido y mi hija, ver aquellos atardeceres en aquel otro paraíso, observar el mar, el sol cayendo y estar solo nosotros tres, hicieron que mis heridas abiertas se fueran cerrando.
Disfrutar de aquellos días muy diferentes, juntos los tres y solos, sin nadie revoloteando a nuestro alrededor, hablar de verdad con mi marido de cómo me sentía, me han ayudado a entender que lo que me pasaba era normal. (Si puede ser normal una depresión) Que no estaba loca. Que no era necesario visitar a un psicólogo (o quizá si, en ese momento) Quería cambiar, pero no como soy. El ser como me hizo comportarme la depresión, ha sido solo momentáneo. Aunque soy consciente de mis muchos defectos, creo que no soy mala persona que es lo que había llegado a pensar.

A mí me ha aliviado saber que me pasaba. Por qué padecer este trastorno, ha desencadenado que me cuestionara como soy, cómo me relaciono con la gente, han vuelto a aflorar cosas del pasado (muy feas) que todas se interrelacionan, pero que son pasado. En realidad yo no soy esa persona. (Aunque me lo llegue a creer) 

Soy de las que piensan que para salir reforzado de algo a veces hay que tocar fondo. He estado fatal y habrá más momentos así, pero de nuevo encaro la vida con una sonrisa y  un optimismo que no me sobra a menudo.

A partir de ahora borrón y cuenta nueva para poder enfrentarme a uno de los mayores retos de mi vida. Ahora voy a por todas.

Y tú ¿Pasaste por una depresión post parto? ¿Tuviste apoyo o te sentiste sola? ¿Cómo lo superaste? 

6 comentarios:

  1. Siento mucho que hayas tenido que pasar por eso. Yo tuve la suerte de que todo salió tan bien que pude vivir el post parto con tranquilidad. Imagino que con todo ese batiburrillo de hormonas que tenemos que encima las cosas no salgan como esperabas lo maás normal es caer en esa tristeza de la que a veces es dificil salir y acaba por convertirse en depresión. Lo bueno es que con un círculo de apoyo positivo y poniendole nombre a lo q nos pasa podemos empezar a coger el toro por los cuernos y volver a sentirnos nosotras mismas. Espero que poco a poco te vayas recuperando, permítete llorar si lo necesitas, enfadarte o lo que quieras y luego a coger fuerzas y para arriba que con decisión se sale de todo!! Mucho ánimo guapa!!

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    1. Tu lo has dicho. Sabía que existía pero yo pensaba que era ptra cosa. Y no. Por que aunque tengo tendencia a estar triste a veces, no es por tanto tiempo. Y es que me sentía incapaz de salir de ese agujero! La verdad es que me sentí muy sola a pesar de que mi marido es una persona comprensiva pero no estaba dentro de mi cabeza.
      Puedo decirte que ya estoy bien. Hay días malos pero son puntuales. Muchas gracias por tu apoyo!un abrazo!

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  2. Yo no la tuve pero mi amiga, Mami Reciente, si que lo pasó fatal. Allí estuve, la recta final de mi embarazo. Fuimos al cine, de tiendas, a pasear... creo q en aquellos momentos la ayudó estar conmigo. Luego nació Habi y prácticamente desapareci 2 meses hasta que me adapté yo. Sin embargo, no he logrado reconectar con ella. Lo intento, ella está "mejor", pero parece molesta porque a mi no me haya pasado y eso me entristece. Tengo pendiente escribir sobre esto pero no se muy bien como enfocarlo porque no quiero molestar ni herir. En fin, rollos mentales.

    Por cierto, lo del psicólogo en una depresión es muy importante! Es el profesional al que acudir y, mira, aunque no te molara muchísimo, acabaste matriculada de la FP! :)

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    1. Puede que la molestara que desaparecieras. Me refiero a que a lo mejor necesitaba devolverte un poco de lo que tu la diste. O volcarse en ti y tu chiquitilla para salir de su atoyadero. No creo que este molesta por que a ti no te ha pasado. Quizás esta enfadada consigo misma por no encontrarse tan bien como lo estas tú. A mi me pasó... me llegué a cuestionar mi propia persona. Solo veía mis defectos. Me sentia una mierda en este mundo.
      A esto le sumaba que nunca he tenido un rumbo, una vocación o un por qué de mi existencia. Se me junto tooooodo todo.
      Ahora no lo tengo tampoco. Quizá ese sea uno de mis problemas existenciales... Pero tengo otra opción, otro reto que me ilusiona. Quiero tener elección el día que vuelva a trabajar. Aun no lo sé, quizá he encontrado la respuesta.
      Sabía que ir al psicólogo era importante. Pero quizá lo enfoqué mal. O también di con una persona que no supo profundizar o ver lo que realmente me sucedía.
      Yo ya había pensado en estudiar algo pero... no tenía la convicción necesaria. También te digo que no sé si volvería a ir a un psicologo. No me sentí nada escuchada. Pero eso es una percepción mia.
      ¿al final has contactado con algún instituto? Espero que consigas normalizar la relación con tu amiga. Un abrazo!

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  3. Desde mi punto de vista, eres muy valiente escribiendo tus vivencias, gusten o no, así te pasó y es lo que me llama la atención de ti. Enhorabuena por tenerlo todo encauzado, mucha suerte en tus nuevos proyectos. Nos leemos. Besitos guapa.

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    1. Bueno, no creo que sea valiente. Solo cuento lo que sentí por si alguien lo lee y le puede ayudar. Aunque pienso que hasta ue no lo vives no te puedes hacer a la idea de como es. Y cada mujer que pase por ello lo ve de forma distinta en sí... solo es un desahogo. Quiero decir que estoy mejor y ya está. Gracias por comentar. Un abrazo!

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